bifecitos al amor.
(crónica de una espera)
Ya que estamos, chateo con la suegra y me pongo a escribir una receta. Son las 21.44hs. Desde hace una semana no puedo abstraerme del cuadrito por allá abajo, a la derecha. Yo, que no uso reloj hace mil años. No me gusta esperar, pero si debo hacerlo trato, de que sea espera productiva o que por lo menos llene los carrilos al final. Aprovechando que el precio del cerdo se fué a pasear caracoles en los zócalos, voy cortando medallones del carré que compré a 10 pesitos. Mientras se doran en la sartén con una gota del aceite de oliva espeso que me mandó la susodicha suegra, remojo los hongos secos que me trajo mamá del Sur en una bebida espirituosa ( pronunciar esa “O” como el ocho de .. me olvidé el nombre). Miro: son las 21.52… voy a tener que cocinar despacito, cosa que cuando llegue, encuentre olorcito a comida casera. Me saco el olor de la cebolla picada frotando las manos en el acero inoxidable de la pileta , pienso que lo que ando necesitando es un grupo comando que haga volar el puesto de choripán frente a la feria, eso es competencia desleal.
Con esta pinza que lees acá, voy apoyando los lados de los bifecitos (medallones es compliacado y rebuscado, son bifes, loco!) así después quedan jugosos. Cuando ya está, disuelvo mostaza en medio vaso de agua.. cómo que cuánta mostaza! Fijate, que sé yo como te gusta?. ah, iba por volcarla en la sartén, un poco primero y ahora el resto entonces no salpica. Bajo el fuego, pongo tapa, media cacerola de agua, dos pocillos y medio de arroz, sal y a la hornalla. Perop! Me apuré y tengo que hacer tiempo así que pongo el fuego bajito y agarro el escobillón para sacar las pelusas que estamos coleccionando abajo del aparrador.
Poner la mesa no me disgusta, aunque está tan cerca que no tardo nada. Ya son las diez cero tres, cero tres, cuatro cinco seis, nah nah nah, na, nah, el teléfono suena, y era número equivocado, esta espera es interminable. bancame que agrego más agua a la sartén, y ya que estoy, sal, pimienta y media cucharada de miel. Entre la señora que no entiende que acá no vive Silvana, zafarme Dumas que me muerde los tobillos y arreglar el aquelarre de mañana con Sami se me hicieron las 10 y 21.
Ahora sí, apago el agua del arroz aunque le falte un poquito, total, se termina de cocinar en la olla y se mantiene caliente.
webeo un rato.
y un rato más.
Esto es más largo que la terapia de kristina y recién son las diez treinta y siete (sin versito). Dumas enloquece con los vapores que emana mi caldero. La sartén lleva como 50 minutos en el fuego, mejor apago. Cuelo el arroz que herví con los honguitos y sal, lo dejo tapadito.
y ya llegó!!!
Desde Buenos Aires, Argentina, la autora de este blog, Mariana Gilligan, mas conocida como Mar, intenta aquí establecer su campamento de naufragio.